Difunto Vallés resucita esta vez en Urones con una nueva alma, que es acartonada, llena de surcos y oteros, de adobes y marcos, y con la intención de mostrarla lo más píxel posible. Antes de llegar acá, a este nuevo bautizo en el corral de la Anuncia, ha mamado un poquito del surrealismo bruselense, otro poco del barro soriano, y otro tanto de las ollas infernales de los trabajos como asalariado que ha tenido. Ha estado buceando sin gafas en el teatro de calle y ha vivido en la comarca de Cerrato palentino, porque todo es arte. Han colaborado en Cerrato Píxel: Hector Castrillejo San Martín, Invex y Mercedes Herrero Pérez.
Un cerrato encajonado. Un conjunto de obras hechas sin trampa y con cartón, tiene como texto artístico: latas de cerveza, vasos rotos, cajas de cerillas, botes de aceitunas, cuerdas, bombillas, colillas,? y otros materiales de la materia vigente. Sin embargo, el súbtexto es otra historia, en él están la familia, la soltería, la mirada del ombligo propio pensando en el de los otros, los veraneantes, la bodega? y sobre todo lo inusual pero típica, que es la comarca del Cerrato palentino. Difunto Vallés muestra en Cerrato Píxel, entre sonrisas y lágrimas de vino, una realidad, su realidad, cuadriculada por las pantallas de las cajas de frutas de los supermercados palentinos. En su conjunto, las cajas forman, a modo de píxeles, un monitor personal del ordenador del siglo XXI.